Al evaluar campañas deportivas, sean de un equipo o de un jugador, es común hablar en términos de éxito y fracaso. Esta forma de percibir las cosas está instalada en la lógica de la sociedad actual. En primera instancia parecería sencillo equiparar el éxito al triunfo y el fracaso a la derrota pero en un análisis más profundo se ve que la cosa no es tan simple. El éxito y el fracaso solamente se deben evaluar en función de las metas u objetivos que se habían planteado. Un equipo puede salvarse del descenso raspando y esa campaña ser considerada exitosa, mientras otro equipo puede haber salido segundo y considerar lo suyo un fracaso. Cada uno tiene sus parámetros, pero no hay que dejarse llevar por ciertas "trampitas".
Acá voy a introducir una distinción entre los diferentes tipos de
metas que uno se puede trazar:
- Metas de Resultado: se focalizan solamente en el resultado de una
competencia. Alcanzar estas metas no depende exclusivamente de lo que uno
realice sino que pueden interferir muchos factores como el nivel del rival, el
arbitraje, las condiciones climáticas, las condiciones del campo de juego, la
suerte, etc., por lo tanto, alcanzar este tipo de metas no está totalmente bajo
el control del deportista. Ejemplos: ganar un partido, salir campeón, lograr
una medalla, etc.
- Metas de Tarea (o Rendimiento): se focalizan en alcanzar un standard de
rendimiento independientemente de otros competidores. Generalmente se compara
el rendimiento propio con una performance anterior. Ej., aumentar el porcentaje
de efectividad en los córners cortos, mejorar la precisión en los pases,
implementar correctamente determinado planteo táctico, mejorar la coordinación
en los contraataques, tener mayor explosión en el pique corto, etc.
- Metas de Proceso: se centran en las acciones que el individuo
debe realizar para ejecutar bien una tarea. Están relacionadas con el
perfeccionamiento de la técnica. Aunque no garantizan un buen resultado llevan
a la persona focalizar en las estrategias relevantes y los procesos necesarios
para tener una buena performance. Ej., mejorar la técnica (el gesto deportivo)
cuando se da un pase, cuando se ejecuta un penal, cuando se para un córner,
etc.
Lo más aconsejable es plantear metas de tarea y de
proceso porque son las que están bajo el control del deportista, son las que
marcan la dirección a seguir y los resultados llegan como consecuencia de
ellas.
El deportista decide cuanto esfuerzo dedica a alcanzarlas y las puede lograr si
la evaluación de su potencial fue adecuada y si es persistente. Es menos
recomendable plantear metas de resultado porque el score de un partido, y mucho
más el de un torneo, puede estar influenciado por muchos factores que no están
bajo el control de la persona y que pueden afectar el resultado en uno u otro
sentido (el nivel del rival, el arbitraje, el estado del campo, las condiciones
climáticas, inclusive la suerte puede jugar un importante rol). Focalizar la
atención en metas de proceso hace que se preste atención a la tarea que se está
llevando a cabo en ese momento (que es donde debe estar) mientras que las metas
de resultado hacen que uno se adelante a los hechos desatendiendo el presente. Además,
la presión por el resultado puede llevar a querer ganar "a cualquier precio"
incurriendo en conductas antideportivas.
Pese a esto, no se
pueden dejar de lado ciertas realidades, por ejemplo, que desde lo social el
hecho de ganar es muy valorado y que cuando el deportista llegue a su casa la
primera pregunta va a ser "¿Cómo salieron?" y no "¿Te
divertiste?" o "¿Cómo jugaste (o jugaron)?". Además, es
importante conocer el pensamiento de los deportistas y se sabe que la gran
mayoría de los deportistas quiere ganar. ¿Cuántos deportistas se han dicho a sí
mismos "quiero ganar"? TODOS.
Las metas de
resultado pueden servir para mantener la motivación alta en momentos alejados
de la competencia, como ser la pretemporada, o en los períodos de mayor carga
física. Cuando se acercan los períodos de competencia es cuando las metas de resultado se vuelven
"peligrosas" porque aumentan
la ansiedad, generan mayor presión y pueden disminuir la confianza de los
deportistas.
No es un pecado
querer ganar, por más que si se lleva esta lógica al extremo encierre peligros, por ello es que no se deben descuidar
las metas de resultado aunque se haga hincapié en las de tarea y de proceso.
Antes de las Olimpiadas de
Sydney escuchamos repetidas veces a las jugadoras de la Selección Nacional
decir que su objetivo era el podio (una meta de resultado). Aunque parezca una
contradicción con lo recién planteado se puede asegurar que no estaba mal ese
planteo porque ellas y el cuerpo técnico conocían muy bien su potencial y lo
que habían alcanzado hasta ese momento (repetir el cuarto puesto en varios
torneos). Entonces necesitaban una meta que representara un desafío que las
llevara a exigirse al máximo y a superarse. Del mismo modo, los varones no se
plantearon "ir a ver que pasa" como objetivo sino que tenían en mente
el diploma. No les quepa la menor duda que detrás de esas metas de resultado
los entrenadores tenían sus metas de tarea y de proceso claramente delineadas.
Estas indicaban el camino que se debía tomar para alcanzar dichos objetivos.
Además, se debe tener en cuenta que estos son equipos de alto rendimiento
donde ganar es casi siempre un objetivo primordial.
Los términos en que estén
planteadas las metas van a influir sobre lo que los jugadores se van a llevar
de la experiencia deportiva (sea un partido, un torneo o un entrenamiento). La
forma en que uno evalúe los resultados va
a afectar las reacciones emocionales de los participantes, sus sentimientos, el
grado de satisfacción con su participación deportiva, el orgullo que tengan por
su rendimiento, su autoestima, su autoconfianza, las expectativas ante el
futuro y la motivación con que van a encarar las próximas exigencias deportivas
a las que sean sometidos. Si uno evalúa su performance sólo en función del
resultado fácilmente se va a sentir frustrado después de un par de scores
adversos y esto puede llevar al abandono de la actividad deportiva.
Es fundamental tener esto en cuenta cuando se trabaja con deportistas juveniles y lo que se
pretende no es "fabricar" campeones sino formar personas que puedan
desarrollarse teniendo una vida sana y plena, disfrutando del deporte y
aprovechando las lecciones que brinda. Cuando se aprende a interpretar el éxito
en función de comparar el rendimiento propio con uno anterior es cuando se va
por el camino del crecimiento personal y la autorealización. Uno seguramente va
a quedar más satisfecho con su performance cuando cumplió sus objetivos que
cuando no los cumple, por ello es que los términos en los que se plantean las
metas son tan importantes.
Los entrenadores, especialmente en edades formativas, ejercen una poderosa influencia
sobre sus deportistas, son un modelo
para ellos y transmiten su visión del deporte a través de sus palabras y de sus
conductas. Está en ellos elegir su filosofía y el tipo de enseñanza que quieren
dejar.
Lo que se quiere resaltar es la
importancia de como el deportista
interpreta el resultado, no el resultado en sí. Es difícil dejar de lado el
hecho de que todo (o casi todo) deportista quiere ganar pero hay que intentar
demostrarles que existen otras cosas valorables. Aún Vince Lombardi (uno de los
entrenadores más exitosos y reconocidos de fútbol americano) aprendió esta
lección modificando uno de sus lemas más famosos: "Ganar no lo es todo, es
lo único" por "Ganar no lo es
todo, pero realizar el máximo esfuerzo por ganar sí lo es."
Una de las "trampas"
señalada al principio es la de evaluar una performance de acuerdo con el
resultado, sin tener en cuenta si se hizo todo lo posible por ganar de acuerdo
con el potencial con que uno contaba en ese momento, si se mejoró respecto de
un partido anterior, si se pudieron realizar durante la competencia aspectos
que se practicaron en los entrenamientos, etc. Como ya se mencionó, hay muchos
factores que uno no puede controlar que determinan el resultado de un partido,
por ende, para hacer un análisis valedero hay que ir más alla del marcador
final. Entonces,
al evaluar un resultado se verá que algunas metas se habrán cumplido y otras
no, por ello es que no es tan sencillo
hablar de éxito o fracaso. Si uno se queda solo con eso no hay análisis
posible y se pierde una excelente oportunidad para aprender, trabajar sobre los
errores y superarse. El deporte brinda muchas
posibilidades de éxito dependiendo de como uno haya planteado sus metas.
Para concluir reproduzco una cita
de Isabel Balaguer (una Psicóloga del deporte española) quien en su libro Entrenamiento psicológico en el deporte (1994), sintetiza este tema con mucha
claridad: "Es importante que el deportista tenga una percepción
"correcta" de lo que significa el éxito o conseguir unas metas. […]
Esa percepción 'correcta' del éxito debe centrarse más en la tarea deportiva y
el dominio técnico (entendiéndose como superación de sí mismo y 'hacer bien las
cosas'), que en la búsqueda de la victoria como único fin de la competición.
Sin embargo, hay que tener en cuenta la importancia del resultado, sobre todo
en la alta competencia."
En otros artículos hablo de la relación entre la
motivación y las metas ("Motivación: ¿Tiene en claro sus
metas? (Parte I)")
y señalo algunas pautas para un
adecuado planteamiento de metas ("Motivación: ¿Tiene
en claro sus metas? (Parte II) - Lineamientos
para el planteo de metas").