Retomando la idea planteada al final del artículo vamos a analizar ahora los distractores internos. Como se señaló, lo que nos ocurre no es tan importante como lo que hacemos con lo que nos ocurre. Puede haber un árbitro que cobre mal, puede existir un rival que busque provocar, el terreno de juego puede tener desperfectos pero dejar que estos hechos nos alteren, nos hagan enojar, en definitiva, nos desconcentren, depende exclusivamente de nosotros y de nuestra "fortaleza mental" para manejarlos. Entonces, lo externo tiene su contraparte en lo interno, que es en realidad lo más importante.

 

Repasemos algunos de los llamados distractores internos:

  • Pasado: Reproches por errores que se cometieron en el partido hacen que uno convierta un error en dos ya que al error ya producido se le suman los que uno comete mientras todavía piensa en el primero. Los reproches y los insultos a uno mismo generalmente no conducen a ningún lado más que a hacer que uno se mortifique, se sienta mal con uno mismo, baje su autoconfianza y lógicamente todo esto se va a ver reflejado en su juego. Uno de los desafíos mentales más grandes que tienen los deportistas es el de no "engancharse" o no "darse manija" con incidentes y oportunidades que ya han pasado.
  • Futuro: Al igual que el ejemplo del artículo anterior del jugador que se "olvida" la bocha por apurarse, pensar en los festejos cuando uno va ganando, por ejemplo, hace que uno se distraiga de lo que está haciendo por eso llamo a la concentración "el arte de estar en el aquí y ahora". Se debe cumplir con las etapas paso a paso, ni anticiparse demasiado ni estancarse en el pasado sino atender a lo que se está haciendo en ese momento y en ese lugar. Cuando un equipo que está defendiendo un córner corto sale anticipadamente a propósito uno de sus objetivos es hacer que los rivales piensen o mejor dicho se "preocupen" más tiempo por lo que pueda pasar en esa jugada y así intentar ponerlos ansiosos.
  • Motivación inadecuada: Esto sucede, por ejemplo, cuando un equipo supuestamente superior se ve sorprendido por un rival inferior porque el partido en principio no se le presentaba como un desafío importante y entró distendido a jugarlo. Al no tener motivación para jugar uno no se activa lo suficiente y puede andar como medio dormido por la cancha, sin esforzarse lo necesario. El equipo que se presentaba como inferior quizás sí se encuentre con una activación óptima y con los objetivos bien claros, y entonces puede dar la sorpresa. También es común que los arqueros, cuando no tienen demasiada participación, bajen su activación y se distraigan. Esto pasa generalmente cuando su equipo domina claramente las acciones, entonces, cuando finalmente les toca actuar no están mentalmente preparados y no reaccionan con la velocidad necesaria (así el rival logra el famoso "gol del honor").
  • Excesivo análisis de la mecánica corporal: Cuando se está aprendiendo un nuevo gesto técnico, por ejemplo, un flick, es común que uno preste demasiada atención a la mecánica del movimiento y que, por lo tanto, la acción no sea muy fluída. Como en las competiciones uno no tiene mucho tiempo para detenerse en estos detalles es fundamental practicar los movimientos lo suficiente hasta que estén mecanizados de tal forma que no produzcan distracciones ni dudas a la hora de ejecutarlos y uno pueda jugar "suelto".
  • Ansiedad: Si bien es necesario un nivel adecuado de ansiedad para cualquier tarea que uno emprenda una cantidad excesiva de la misma tiene efectos perjudiciales tanto a nivel somático, como cognitivo y motor. A nivel cognitivo produce diversos efectos (seré muy breve pues este tema demanda un artículo completo):

- Reducción en el campo atencional. El jugador en lugar de tener un amplio espectro de todo el campo de juego anda como con anteojeras (como las que se le ponen a los caballos), no se le ocurren opciones de juego y choca una y otra vez repitiendo la misma jugada.

- Cambios en los niveles de concentración. La mente del jugador va "a mil" haciendo que no pueda detenerse en algo sino que su concentración salta de una cosa en otra.

- Pérdida de control para fluctuar atencionalmente. Se refiere a la capacidad de controlar el foco de la concentración de interno a externo y de amplio a estrecho. Esto hace que el jugador no pueda distinguir los estímulos útiles de los inútiles.

-   Preocupación.

-    Sentimiento de agobio y confusión.

-    No sentir control.

-    Incapacidad para tomar decisiones. Dudas, inseguridad, falta de confianza.

-    Autoverbalizaciones negativas. Ejemplos, "no vamos a poder empatar", "no me sale una", "hoy no es mi día", "soy un #@%&€#*!" (complete con su insulto preferido).

  • Fatiga: La concentración requiere de un "esfuerzo mental", por lo tanto, es lógico que después de un tiempo el cansancio, tanto físico como mental, influya en esta capacidad. Puede ser importante regular la intensidad de la concentración, por ejemplo, aprovechando los pocos tiempos muertos del juego para poder volver al 100% cuando se reinicie el juego. Atención: relajar la concentración no quiere decir distraerse! Esto también puede suceder cuando no se ha descansado lo suficiente en la preparación para el evento, por este motivo es que se recomienda dormir bien para obtener un óptimo rendimiento.

Algunos entrenadores, quizás por el entusiasmo que les genera su profesión, no respetan los tiempos de descanso mental de los jugadores y en el entretiempo enseguida los llenan de indicaciones que difícilmente ellos puedan absorber. Al respecto, existe una investigación que registró que cinco minutos después de una charla técnica prepartido ninguno de los jugadores de un equipo de fútbol australiano podía recordar todas las indicaciones que había dado el entrenador. Acepto que los jugadores de fútbol australiano no son precisamente graduados de Harvard, pero la sugerencia de la investigación en cuanto a que las indicaciones de los entrenadores antes y durante la competencia deben ser en lo posible pocas, precisas y repetidas aparece como sumamente válida. Se suelen obtener mejores resultados cuando el grueso de las instrucciones se dan en el trabajo de la semana y durante la competencia solo se refrescan los conceptos claves. El día de la competencia los niveles de ansiedad son mayores (precompetitivamente), o como ya se señaló, en el entretiempo hay mayor fatiga, estos dos factores hacen que la concentración sea más difícil de mantener a la hora de atender indicaciones.

 

Por último, quisiera señalar una situación paradójica relacionada con la concentración que se produce cuando uno se esfuerza demasiado en concentrarse. La concentración puede ser dividida en pasiva (que está relacionada con algunas formas de meditación) y la activa, que se produce cuando dirigimos voluntariamente nuestra atención hacia algún estímulo. Sin embargo, si nos esforzamos demasiado en concentrarnos terminamos "concentrándonos en estar concentrados" y no en la tarea que debemos realizar, por lo tanto, esto termina actuando como un distractor. Entonces, si bien, cuando nos queremos concentrar nosotros dirigimos nuestra atención hacia un estímulo, este proceso debe desarrollarse del modo más natural posible. Cuando utilicemos una estrategia de concentración esta tiene que estar bien practicada y automatizada para que no actúe como un distractor más.

 

Bueno, parece que agregaré un artículo más dedicado a este tema y al autodiálogo, pero eso no será hasta la próxima.