"Concentrate!" grita
el entrenador durante el partido, y parece ser lo que el jugador necesita. Un
diagnóstico acertado pero… ¿y el remedio? ¿Concentrarse en qué? ¿En lo que dice
el entrenador? ¿En impresionar a la chica del club que me gusta y me vino a
ver? ¿En la dirección del viento? ¿En las ideas que pasan por mi mente? ¿En
repasar lo que estudié para el examen del lunes?
Miles de veces los técnicos
piden "concentración" a sus dirigidos pero muchas veces no aciertan
en indicar en que se debe concentrar el jugador. Habitualmente esto se da por
sobre entendido pero no se señala y enseña específicamente. Para ir a ejemplos
más concretos: Cuando un jugador rival desborda y tira un centro, ¿debo mirar
la bocha, al jugador que marco o debo desafiar los límites biológicos y atender
con un ojo cada cosa? El arquero ante el penal, ¿debe concentrarse en la bocha,
el palo, las manos y muñecas del ejecutante, en su postura corporal o en
recordar situaciones similares ante el mismo rival?
Entonces la cuestión quizás no
pase solamente por estar concentrado sino en lo que uno efectivamente focaliza
su atención.
A esta altura los libros ya
piden respeto y exigen una definición: podemos decir que la concentración es la habilidad para dirigir y mantener la atención
hacia el aspecto requerido de la tarea que se está realizando. Estar
concentrado es atender únicamente a aquellos aspectos relevantes de la
actividad deportiva que se realice y no prestar atención a otros estímulos que
no son importantes en esa actividad.
Primer aspecto importante: es
una habilidad, esto quiere decir que se puede aprender, entrenar y mejorar. No
es un don inmodificable dado desde el nacimiento.
Entonces, tenemos una tarea que
estamos realizando (por ejemplo, parar un pase) y ciertas demandas atencionales
que la situación impone (por ejemplo, fijar la vista en la bocha y atender a la
vez a las señales que el cuerpo nos da sobre la posición del palo). ¿Cuántas
veces un jugador arranca y "se olvida la bocha" o se le va al lateral
por anticiparse a la siguiente jugada y no detenerse lo suficiente a controlar
la bocha? Ese, entre otros, suele ser un error de concentración (en tanto el
jugador ya posea la técnica necesaria para realizar la jugada).
Lamentablemente, el ser humano
tiene lo que se llama una capacidad atencional limitada, esto quiere decir que
solo puede atender eficientemente a muy pocas cosas a la vez (una o dos).
Entonces, para realizar correctamente una tarea debe saber extraer lo
importante de un montón de estímulos que le llegan. El jugador del ejemplo
anterior al mismo tiempo que mira que la bocha se va acercando escucha a sus
compañeros que le están pidiendo un pase, al técnico que le da una indicación,
ve a los rivales y compañeros que se mueven, piensa en qué va a hacer en el
próximo movimiento, etc. Todo esto puede actuar distrayéndolo de lo que debe
hacer primero (como dijimos, parar el pase).
Los distractores amenazan
nuestra concentración. Vamos a clasificarlos en externos e internos.
Los externos, obviamente, son
aquellos ajenos a la persona. Analicemos algunos de ellos:
-
Resultado-Tablero-Tiempo de
juego: Aunque
parezca paradójico, pensar en el resultado puede resultar distractor porque el
jugador puede sentirse más presionado ante un resultado adverso o uno muy
ajustado o puede relajarse si el resultado es muy favorable. Una presión
excesiva o estar demasiado relajado puede distraer al equipo de la tarea
primaria que es jugar. Lo mismo con el tiempo de juego, estar demasiado
pendiente de cuanto falta puede hacer que uno se apure demasiado.
-
Condiciones climáticas: El viento, el ángulo del sol,
una llovizna, son condiciones sobre las cuales uno no tiene ningún control. Por
lo tanto hay que aceptarlas y en la medida de lo posible tratar de hacerlas
jugar a favor, tomando en cuenta que los 22 jugadores están bajo las mismas
condiciones.
-
Terreno de juego: Desniveles, sectores más secos,
etc., ni hablar de las canchas de césped natural que pueden ser muy desparejas.
Quizás sea bueno tomarse unos minutos antes del inicio del partido para
recorrer y estudiar la cancha para no llevarse sorpresas cuando uno no está muy
familiarizado con ella.
-
Público: por lo general los públicos en
los partidos de hockey no son tan numerosos como sí significativos y ruidosos.
La presencia de padres, novias (no se ven tantos novios), el chico del club que
me gusta, etc., entre los espectadores puede resultar más distractor que un
estadio con 100.000 personas por el significado emocional que tienen. Las
hinchadas suelen también intentar provocar a los rivales. La cercanía donde se
ubican respecto a la cancha hace que más de una vez un jugador le conteste a
los que le gritan, distrayéndose del juego y dejando que logren su cometido.
- Rivales: Algunos jugadores también
suelen intentar provocar a sus rivales, entrando, por ejemplo, en el jueguito
de ver quien es el "más guapo" (al menos de palabra) o con juego mal intencionado. Por suerte los
partidos no se ganan de esa manera. No hay que dejarse llevar por estas
actitudes. Con que uno responda o reaccione una sola vez ya se puede decir que
"perdió" porque el otro logró su propósito que es tenerte bajo su
control. Lo más aconsejable es dejar que el rival hable todo lo que quiera
mientras uno se concentra en jugar. Probablemente el otro se frustrará y
hablará cada vez más, distrayéndose del juego mientras piensa nuevas formas de
provocar, ahí "ganamos" nosotros.
-
Árbitros: aceptémoslo de un vez: SE VAN A
EQUIVOCAR, para un lado y para el otro. Algunos mucho, otros poco, otros
cometerán un solo error pero que será definitorio para el partido. Pero son una
variable del juego que, como la suerte, no se puede controlar. Reclamar y
discutir con ellos, además de una actitud peleada con el espíritu deportivo, es
una gran fuente de distracción. Por un lado, difícilmente vamos a influir
favorablemente sobre ellos debido a que no son nuestras marionetas y fácilmente
vamos a lograr que nos muestren alguna tarjeta. Por el otro, ¿cuántas veces
vieron que un delantero se queda protestando una jugada y desaprovecha una
oportunidad para meter un gol o a un defensor perder la marca por reclamar
mientras la jugada sigue? Si se fijan con atención lo van a ver pasar bastante
seguido a nivel local. Volvemos al tema de los estímulos relevantes para la
tarea. Da bronca que el juez cometa lo que vemos como un error, puede dar
muchisíma bronca, pero lo que nos ocurre
no es tan importante como lo que hacemos con lo que nos ocurre.
Los dejo con esta última
reflexión que da el pie a los distractores internos, objeto del próximo
artículo.