Tratamos hasta aquí los problemas que amenazan la concentración, ahora nos centraremos en abordar al "enemigo interno", para algunos el obstáculo más difícil de vencer.

Piensen en su jugador preferido, vean como se mueve armoniosamente, casi sin esfuerzo, "fluye" por la cancha, domina la bocha porque domina su cuerpo, y domina su cuerpo porque sus pensamientos están bajo control. Como habrán visto en los artículos sobre Concentración, pongo mucho el acento en el control, particularmente en el AUTOCONTROL, la aptitud crucial, desde mi punto de vista, para alcanzar el óptimo rendimiento. Cualquier cualidad o capacidad, sea motivación, concentración, manejo de la ansiedad y de las presiones, perseverancia, disciplina (entendida tanto como buen comportamiento durante el partido como adhesión al ejercicio físico), reacción frente a la adversidad, hasta la regulación del esfuerzo, todas, se reducen a una capacidad: la de poder controlarse. Muchas veces se asocia autocontrol con ser una persona mesurada y tranquila pero, como insinúe más arriba, autocontrol significa capacidad para decidir que voy a hacer en cada momento: tener la posibilidad de elegir actuar con mucha cautela o con cierto descontrol (aunque resulte paradójico). Pero que siempre sea una decisión propia y no un "dejarse llevar" por el temperamento, la calentura del momento o lo que sea.

 

El esquema que se plantea aquí es muy sencillo:

Pensamientos --> Emociones --> Conducta

 

o traducido:

Pienso --> Siento --> Actúo

 

Entonces, lo que yo pienso hace que yo me sienta de determinada manera y de acuerdo a como me sienta voy a actuar. A su vez, la actuación y su resultado puede repercutir en lo que yo pienso. Por lo tanto, si quiero controlar mi accionar primero debo revisar mis pensamientos.

La manera que tenemos de tomar conciencia de nuestros pensamientos es analizando lo que nos decimos a nosotros mismos. Por lo tanto, nuestro "diálogo interno" va a ser de gran importancia. El "autodiálogo" va a ayudarnos a mantener la compostura y la concentración o nos va a llevar a descontrolarnos. El autodiálogo va a dirigir nuestros pensamientos y por ende nuestros sentimientos y acciones. Por ejemplo, si yo me digo "Esta cancha es una porquería porque es despareja y además nunca juego bien acá" es muy probable que ya me frustre de entrada y no pueda cumplir una buena actuación. Si en cambio pienso "Esta cancha siempre resultó un desafío para mi porque está despareja y sé que me preparé bien esta semana para jugar en ella" voy a entrar con mayor confianza y mejor predisposición. En uno y en otro caso la actuación seguramente será diferente. Entonces, ante el mismo hecho (el estado de la cancha) mi reacción será totalmente distinta. Una idea central es que yo puedo elegir pensar de una manera u otra, no está predeterminado por la situación en sí, sino por la predisposición que yo tenga.

Aunque haya resistencias a creerlo está comprobado que hasta la acción más automatizada está precedida por un pensamiento. Lo que sucede es que los pensamientos de tanto repetirlos se tornan muy fugaces y están muy arraigados en la mente de uno, entonces aunque están presentes prácticamente no son concientes. El tema pasa un poco por la creencia en que un pensamiento debe estar formulado en palabras (de modo lineal) y no que un pensamiento puede ser, por ejemplo, una imagen que surja como un pantallaso en la mente. [Igualmente, no es nuestro objetivo adentrarnos más en esta discusión.]

 

Insisto sobre la idea ya planteada en el segundo artículo sobre Concentración y que Epícteto (filósofo griego) nos advertía "No nos perturban las cosas, sino la visión que tenemos de ellas." El autodiálogo va a ser muy importante a la hora de desarrollar una ACTITUD POSITIVA que va a influir sobre nuestro rendimiento. Otro ejemplo, si ante un error me digo "soy un idiota, nunca voy a mejorar" es muy probable que me sienta enojado, me ponga nervioso y baje mi autoconfianza. Eventualmente, estos pensamientos autoderrotistas pueden llevar a sentirse frustrado y al abandono del deporte. Si en cambio me digo "debo bajar más el palo" (o alguna instrucción técnica pertinente formulada en términos positivos y que me ayude a focalizar la atención) o "la próxima lo haré bien" me voy a sentir más tranquilo y me mantendré optimista. Debo advertir sobre el uso de frases como "la próxima tendré mi revancha", la idea de revancha hace que uno piense en el pasado y ya se discutió en el artículo anterior sobre las consecuencias negativas para la concentración que puede traer quedarse "enganchado" en el pasado.

 

Usos del autodiálogo

El autodiálogo sirve no solo para mantener la concentración o una actitud positiva; resumiendo los diversos usos:

-        adquisición de destrezas: utilizar palabras "señal" o "gatillo" (también a veces se les llama "ancla", o "llave", es un problema de traducciones, en realidad no existe una palabra en castellano precisa para esto). Preferiblemente deben ser concretas, formuladas en términos positivos, y evocar con facilidad una acción o una imagen.

-        cambio de malos hábitos: idea similar a la anterior, una palabrita o frase que dé la indicación precisa en el momento justo, por ejemplo, "flexionar las piernas".

-        control atencional: para mantener el foco en el presente y los estímulos relevantes, ejemplo: "mirar la bocha".

-        creación de determinados estados de ánimo: como ya se planteó, frases positivas generan estados de ánimo positivos.

-        regulación de la activación: uno puede decirse cosas tanto para subir como para bajar el nivel de activación, desde "vamos!" hasta "tranquilo", o "pausado".

-        control y mantenimiento del esfuerzo: cuando uno se dice "dale, dale!".

-        desarrollo de la confianza: supongo que el famoso "tu puedes" está un poco trillado pero se pueden buscar frases en esa dirección.

La clave para esto está en encontrar una palabra o frasesita con las que uno realmente se sienta identificado, posiblemente esto va a estar en relación con la personalidad y la historia de la persona. Para un deportista puede ser útil algo que apele a las emociones o a los sentimientos, para otro pueden funcionar mejor instrucciones técnicas o tácticas. No hay que excluir la utilización de imágenes a la hora de recrear una sensación, por ejemplo, la de un animal: "soy un toro" puede decirse un jugador potente antes de iniciar el partido. Otro ejemplo puede ser… creo que ya todos conocemos cual es el felino más popular del hóckey en la Argentina.

Vuelvo a resaltar la importancia de la individualidad, lo que para uno puede causar gracia o indiferencia, para otro puede ser muy efectivo. Como ya se señaló, el autoinsulto o autodenigrarse casi nunca es la opción más conveniente, aunque la puerta siempre queda abierta a excepciones.

 

¿Qué podemos hacer?

Si uno quiere mejorar este aspecto lo que se puede hacer primero es llevar un registro del autodiálogo para identificar los patrones de pensamiento más comunes que uno tiene. Por ejemplo, llevar un diario en el cual después de los partidos uno anote los pensamientos (tanto positivos como negativos) que experimentó:

-   Pre-competencia (día anterior, mañana del partido, calentamiento previo).

-   Durante la competencia (en relación a qué momento del partido fue, particularmente, los pensamientos en momentos claves).

-   Post-competencia (porque van a influir en como encaremos la preparación para el próximo partido).

Se anotan las situaciones y los pensamientos que uno tuvo tal cual sean recordados. Luego es importante apuntar las consecuencias, es decir, qué efecto tuvieron sus pensamientos en su rendimiento, sus emociones, sus sentimientos, etc. [Lo ideal sería llevar un grabadorcito donde uno va registrando todo, como una especie de "polar mental", pero esto, obviamente, es imposible con la tecnología disponible.]

Así se logra el primer paso que consiste en tomar conciencia del autodiálogo, que a veces, como ya se señaló, uno no está tan conciente de lo que se dice, especialmente los pensamientos autoderrotistas suelen estar muy automatizados y arraigados, y surgen sin que nos percatemos.

Después de identificar los patrones de pensamiento más comunes se pueden buscar las frases que a uno le sirven, las que le lleguen más. El objetivo es tenerlas preparadas para contrarestar a las autoverbalizaciones negativas en el momento en que estas aparezcan.

Lo que se busca es disciplinar la mente, preparar un diskette mental ya listo para poner en funcionamiento cuando la situación lo requiera.

En el próximo artículo profundizaremos el tema de la Autoconfianza y como el autodiálogo la influencia.