En el artículo anterior al hablar sobre los usos del autodiálogo introdujimos el tema de la autoconfianza, cualidad que podemos agregar entre las esenciales para cualquier deportista. Como ya es habitual, empezaremos con una definición, autoconfianza sería la creencia interna de que uno es capaz de hacer algo. Una de las ideas que se desprende de esta definición es que la confianza en uno mismo es "situación-específica", esto quiere decir que alguien puede tener mucha confianza para realizar una actividad pero no tanta para otra. Por ejemplo, una persona puede mostrar mucha seguridad al jugar un deporte pero puede tener poca confianza para desenvolverse en una reunión social. Llevando esto al extremo, y aportando un ejemplo ya dentro del ámbito del hockey, una jugadora puede tenerse mucha confianza para tirar al arco de revés pero titubear a la hora de marcar uno contra uno. Para ponernos más estrictos en sentido teórico, este último ejemplo nos acerca al concepto de auto-eficacia que se refiere a la convicción de que uno puede ejecutar exitosamente una conducta para producir el resultado deseado. Entonces, autoconfianza sería un concepto un poco más global en relación a un deporte y auto-eficacia estaría más referido a destrezas, técnicas y situaciones particulares de ese deporte.

Es importante diferenciar el concepto de autoconfianza del de autoestima. El primero se refiere, como ya indicamos, a lo que uno hace, el segundo está más referido a cuanto uno se "quiere" a sí mismo, es decir, está en relación con lo que uno es. La autoestima se puede considerar como un elemento más profundo y estable de la personalidad, que se va construyendo desde los primeros años de vida. Uno de los peligros del deporte, y de cualquier actividad que uno realice donde uno se involucra mucho, es equiparar o confundir la capacidad que uno tiene para desempeñar dicha actividad con el valor que uno tiene como persona.

 

Factores que influyen sobre la autoconfianza del deportista

A continuación se encuentran algunos de los factores que pueden afectar la autoconfianza de un deportista y los efectos que tienen:

  • Logros previos (experiencia). La autoconfianza se va formando a partir de la experiencia. Cuantas más experiencias positivas (logros) un deportista tenga mayor va a ser la confianza en sí mismo. Sin embargo, esta relación no es tan sencilla, no se puede suponer que el simple hecho de que si uno ganó varios partidos va a tener mayor confianza, esto va a depender no sólo del resultado en sí, sino también de la interpretación que se haga del resultado. Por ejemplo, si un deportista considera que ganó un partido porque tuvo suerte, porque lo ayudó el árbitro o porque el rival era muy inferior, entonces no va a robustecer la confianza en sí mismo. Si en cambio atribuye el éxito a su esfuerzo y/o habilidad entonces sí es probable que se sienta con mayor confianza de cara a nuevos desafíos.
  • Experiencia vicaria. Este concepto se refiere a la experiencia de los demás. Si el deportista observa a alguien que es similar a él en cuanto a características personales (edad, sexo, tamaño corporal, etc.) completar exitosamente alguna tarea es muy probable que él también se crea capaz de lograrlo, como diciendo "si él puede, ¿por qué no lo voy a poder hacer yo?". Esto es especialmente importante en niños.
  • Relación con el entrenador. El deportista en cierto sentido se "entrega" a su entrenador o, si el presupuesto lo permite, al cuerpo técnico. El jugador deposita su confianza en ellos. Lo que el entrenador le diga y lo que haga es palabra santa para el deportista. Un solo gesto puede destruir esta confianza que tarda mucho en construirse y una vez rota la confianza es casi imposible volver atrás. Si el jugador no tiene confianza en quien lo prepara y dirige va a ser muy difícil que a la hora de salir a la cancha se muestre seguro de lo que hace. Por ello es crucial que el entrenador sea, entre otras miles de cualidades, coherente, creíble y que sepa "seducir" e inspirar a sus dirigidos con su visión para lograr que los miembros del equipo la compartan y se comprometan con ella. Obviamente, esta seducción tiene que estar sustentada por un fundamento táctico-técnico porque resulta imposible mantener la credibilidad mucho tiempo si se vende humo. [En algún momento tocaremos el tema de las cualidades que debe poseer un entrenador].
  • Estado físico. La mayoría de los deportes tienen un gran componente físico, por eso la autoconfianza de quien lo practique también se va a apoyar en su estado atlético. Si la jugadora ve que puede correr los 70 minutos y no se cansa o que puede ponerle el cuerpo a las defensoras rivales y las desestabiliza va a sentirse más suelta para ocuparse de otros aspectos del juego y va a tener mayor resolución a la hora de arriesgar el físico.
  • Preparación para la competencia. Si el deportista siente que trabajó con responsabilidad y realizó una buena preparación física, técnica y táctica durante la semana o la pretemporada obviamente va a encarar el partido o el campeonato con un nivel de confianza mayor y con menos dudas. Este punto también está relacionado con la confianza que tenga en el entrenador y su método de trabajo.
  • Equipamiento. En el hockey la relación del jugador con su palo es de altísima relevancia, no es lo mismo, por ejemplo, jugar con un palo propio, que uno conoce, que con uno prestado. Por ello es tan importante pensar detenidamente y realizar todas las consultas posibles a la hora de elegir un stick. También hay que considerar la elección del calzado y sobre todo de las protecciones para los arqueros.
  • Verbalizaciones positivas. El tema de las autoverbalizaciones dio pie a este artículo, brevemente lo podemos repasar. Es muy importante lo que yo me diga a mi mismo. Si yo me digo frases positivas voy a recrear sensaciones positivas y voy a actuar con mayor confianza. Por el contrario, si me digo frases denigrantes voy a minar la confianza que pueda tener en mí mismo y puedo terminar incluso afectando mi autoestima. Si bien la primera situación no garantiza el éxito, sí aumenta las posibilidades de alcanzarlo y hace la experiencia deportiva más agradable. Una de las claves está en no "darse manija", ni "hacerse el bocho" con cosas negativas. [Para profundizar en el tema se puede recurrir a los artículos sobre El autodiálogo]
  • Visualización. Las imágenes positivas tienen un efecto similar al de las verbalizaciones. Además, incoporar las técnicas de visualización como una parte integrada del entrenamiento ayuda a construir la autoconfianza.
  • Persuasión verbal. Las arengas antes de los partidos sirven para sumar ese plus de energía necesaria para entrar al partido con mayor confianza. También las palabras que pueden venir de parte de alguien significativo para el deportista, como el entrenador o los padres, sirven para tomar un poquito más de valor. Igualmente, el efecto de la persuasión verbal no suele ser demasiado duradero ni estable.
  • Nivel de activación. Esto se refiere al nivel de energía que el cuerpo y la mente tengan a la hora de realizar una actividad. Un ejemplo excelente de los dos últimos puntos son las arengas que Mel Gibson realiza interpretando a William Wallace en la película "Corazón valiente" antes de las batallas que libra junto con sus seguidores. Con sus palabras no sólo los persuade verbalmente de que pueden vencer sino que levanta el nivel de activación llevándolo a un punto óptimo para el combate. En esta película también vemos otros de los aspectos que señalamos, entre ellos: confianza en el líder y compromiso con una visión.

No solo es importante el nivel de activación del organismo sino la interpretación que la persona haga de ese nivel de activación. Por ejemplo, antes de un partido al sentir algo de ansiedad y que le sube el ritmo cardíaco un deportista puede pensar que su cuerpo se va a poner tenso, puede empezar a preocuparse y así se va poniendo cada vez más nervioso, mientras que otro puede pensar que esa es la sensación que él necesita experimentar antes de la competencia porque es la señal que su cuerpo le da cuando está listo.

  • Lenguaje corporal (actuar con confianza). Es recomendable proyectar con el cuerpo la confianza que uno siente. Por ejemplo, la posición de los hombros, la mirada, mantener la cabeza en alto, son algunas exteriorizaciones de la creencia interna que uno posee. Asimismo, en los momentos desfavorables que puede tener un partido es importante mantener la misma actitud postural principalmente por dos motivos: por un lado, para que los rivales no puedan "leer" algún altibajo en la confianza y, por el otro, porque el cuerpo y la mente mantienen una especie de diálogo donde si el cuerpo actúa con confianza le va a transmitir esa confianza a la mente. Esto está basado no solo en algunas teorías y técnicas de actuación sino también en investigaciones científicas. Completando el esquema de pienso-siento-actúo, la forma en que yo actúe va a retroalimentar a mis pensamientos. Este círculo puede tornarse en una espiral positiva o negativa de acuerdo con el control que yo ejerza sobre ella.

 

La idea es cuidar y trabajar los aspectos señalados en su debido momento para que a la hora de la competencia exista en el deportista y en el equipo una firme e inquebrantable creencia en su preparación y capacidad.

En el siguiente artículo analizaremos las relaciones entre la autoconfianza y el rendimiento, los efectos de la confianza óptima y, también hablaremos de las cábalas que suelen ser una muestra de la falta de autoconfianza.